viernes, diciembre 23, 2011

Soledad

Pasaron tres días y tres noches y no regresó. Le pregunté al bosque pero no me supo responder. La lluvia había borrado todo rastro de padre y de los soldados, y los pájaros no habían volado en ese día lluvioso. Esperé tres noches más y salí a buscarle. En el zurrón tan solo un trozo de queso y tocino rancio, pan blanco duro como una piedra y la esperanza de que el bosque se apiadase de mí.

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