martes, febrero 16, 2016

Mis disculpas

Admito que me despisté un poco, que no presté atención a lo importante y me dejé llevar por cosas vanas e insignificantes para usted. Asumo mi culpa en haber observado a las aves en su vuelo, en haberme sentado al borde del mar mientras el sol se bañaba en sus aguas rodeado por la naranja luz del atardecer, en prestar más atención a la belleza de una sonrisa que al valor catastral de mi hipoteca o al índice de precios al consumo. Me acuso de no haber prestado atención al fichaje de ese nuevo y fugaz astro del deporte bronceado artificialmente y dedicado en cuerpo y alma a cultivar su ego. Siento no haber cubierto sus espectativas de saberlo todo sobre economía y finanzas, sobre compromisos y dádivas interesadas, sobre comisiones y mordidas a la menor ocasión, sobre ese dios suyo todopoderoso, de veras que lo siento. Solo le diré que aún así no me arrepiento de conocer los nombres de héroes que no existen y hazañas que nunca ocurrieron, de saber cómo huelen la brisa y el humo en una noche de verano al pie de una hoguera, de pasar frío al borde de una carretera esperando el autobús bajo la lluvia, de poder decir en voz alta quienes son mis amigos sin avergonzarme de ellos ni mentir por sus pecados, de vivir con la cabeza siempre alta y dormir cada noche sin culpa sobre mis hombros; sin culpa excepto una que tan solo existe en el podrido mundo en el que usted vive, la culpa de no ser como usted.

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