miércoles, julio 15, 2009

Trocata y Frugal

Y encontré entre viejos cuadernos notas sin sentido de tardes despintadas, de ojos azorados, de días abstraídos y cubos apilados. La tinta perdura y penetra el papel, recuerdo de trazos siguiendo una linea apenas imaginada mientras la brisa no conseguía paliar el calor de un agosto cualquiera en un verano al azar.

miércoles, julio 08, 2009

La muerte en un click

Intentó proteger su cabeza agarrándola, pero no tenía codos que flexionar. Intentó echar mano a algún saliente, pero ninguno era de la medida adecuada al hueco entre sus dedos. Intentó doblar las rodillas para rodar, pero tampoco tenía articulaciones en las piernas. Estaba destinado a no sobrevivir al golpe. Se lamentó por todo ello durante el breve instante de su vuelo. Pero al final de su caida se alegró de ser de plástico.

martes, junio 30, 2009

Es Carmiento

Puso tanta ilusión en una sola cosa que después del fracaso no le quedó para el resto. Lo único que le quedaba sin gastar era la prudencia.

lunes, junio 22, 2009

Modus orinandi

Siempre me dijeron que dejara de mear fuera del tiesto. Lo estuve haciendo un tiempo, pero cuando vi que las plantas se secaban y morían, volví a mear fuera.

domingo, junio 21, 2009

En el frente

Lo cortés no quita lo valiente, así que usted primero, mi general...

viernes, junio 19, 2009

Zombis en oferta

No es sencillo abastecerse de productos básicos cuando tienes al resto de tus conciudadanos muertos, pero vivientes, persiguiendo tu culo para hacerse una butifarra con tu colon…
Ayer nos tocó salir a Hugo y a mí…cada semana nos toca a una pareja diferente. Por ahora solo hubo una vez en la que uno de los dos que fueron no volvió, total, era un esquizofrénico de mierda que tarde o temprano iba a acabar perdiendo la chaveta, así que mejor zombi. Al que volvió herido tuvimos que sacrificarlo al día siguiente, pobre infeliz…

Sin embargo ayer tuvimos suerte. Salimos al amanecer, como de costumbre, para al menos evitar a los vampiros, menudos hijos de puta. Por la noche la ciudad se llena de ellos, bueno y de las vampiresas ni hablemos…recuerdo la noche que me crucé con aquella mulata mutante bailando reggaeton,…menudas curvas, menudas tetas, menudos colmillos tenía la hija de su madre…y bailándome reggaeton…menos mal que a mi nunca me gustó esa música y ni me acerqué…no estaría contando esto.

El caso es que alcanzar el centro fue relativamente fácil, tampoco había muchos “tolis” (llamamos así a los zombis, cariñosamente, vamos…). Hugo llevaba la recortada y yo opté por echarme el machete y el Colt 45 modificado de don Vicente, el coronel retirado que coleccionaba armas y que fue expulsado del ejército por su afición excesiva a las mujeres de vida alegre, y al que el desastre pilló acampado en su autocaravana dentro del camping.

Cuando llegamos a los grandes almacenes la cosa empezó a ponerse un poco más tensa. Nos habíamos untado con barro para hacer nuestro olor menos evidente, pero estos mamones tienen la pituitaria más fina que el papel de fumar, y empezaban a pulular en nuestra dirección a la que nos quedábamos parados más de tres minutos en la misma zona. La clave está en moverte siempre. Pero claro, cuando estás rodeado por miles de “tolis” sedientos de vísceras, a poco que te descuides, los tienes encima pidiéndote el hígado, ¡y sin ningún tipo de modales!

El objetivo principal de la salida era hacernos con ropa de abrigo, algunas mantas, medicinas y algo de comida. Hasta hacía relativamente poco habíamos sobrevivido con lo poco que había en la despensa del camping y con lo que cada uno fue aportando. Luego, cuando empezaron a agotarse los productos frescos, tuvimos que recurrir a la caza, cosa difícil con lo poco que dejaban vivo los “chupones” y los “tolis” (que también se les ha visto atacando a las criaturitas del campo…). Así que la opción de las conservas y comida congelada que quedaban abandonados en los supermercados era una opción más que a tener en cuenta.

Luego empezaron las escapadas a la ciudad. Menuda fuente de suministros. Todo estaba abandonado, pero se habían causado muchos destrozos, los mutantes ya habían dado buena cuenta de muchas cosas, y no sabías en que rincón te podía saltar un “vampi” al cuello. Hasta que empezamos a conocer a los zombis y sus debilidades, fueron muchos los que cayeron. Ahora les cuesta más cogernos.

El momento más peligroso fue durante el regreso al camping. No se si podíamos llevar detrás nuestro unos doscientos o trescientos zombis, menudo espectáculo…cuando de repente aparecen otros veinte o treinta cerrándonos el paso. Hugo no se lo pensó, agarro la recortada y empezó a descerrajar tiro tras tiro sobre las cabezas de aquellos infelices. ¡Menuda máquina de rematar! No fallaba uno, 10 cartuchos, 10 zombis para aperitivo de los que nos seguían. A los otros les dejamos atrás a la carrera tras darles unos machetazos y unas patadas, porque precisamente rápidos no son y solo en levantarse echan media mañana…

Cuando alcanzamos el camping ya empezaba a caer el sol,…nos habíamos asegurado de no tocaba luna llena, porque solo faltaría que a la vuelta te asaltase un “peludo” y te hiciera un siete en la espalda. Los demás nos esperaban detrás de las barricadas. Durante nuestra ausencia habían abatido a unas dos docenas de “tolis”, de los que se internan en la campiña buscando tripas, y lo peor es que cada vez son más habituales.

La semana que viene no me toca salir, aunque tampoco estoy seguro de si habrá semana que viene, ni siquiera si habrá mañana…

jueves, junio 18, 2009

El olor de la sangre


Buenas, me llamo Saúl y soy un vampiro. Antes no lo era, no nací así, y tampoco podría decir cuando empecé a serlo, pero la realidad es que hoy por hoy solo puedo alimentarme de sangre humana (aunque en caso de necesidad he llegado a recurrir a algún otro animal).

De cómo llegué a ser lo que soy recuerdo muy poco: rumores de una pandemia, pánico en la población, gente que moría, cadáveres que volvían a la vida, mutantes…supongo que lo mío fue una mutación, o algo así…Toda mi vida había dependido de la insulina, mi condición de diabético me llevaba a depender de una sustancia que debía inyectarme cada cierto tiempo para que mi cuerpo funcionase correctamente, ahora esa sustancia ha sido sustituida por otra menos fácil de conseguir: la sangre.

Al principio fueron pequeños síntomas que no suponían demasiada alarma: inapetencia, mareos esporádicos, ligera fotofobia,…los cuales fueron derivando en otros más graves: rechazo de alimentos sólidos, vómitos repentinos, erupciones cutáneas frente a la exposición solar, ligero hiper desarrollo dental (principalmente en encías y colmillos).

Hasta que pasadas unas dos semanas empiezas a ver que necesitas beber sangre de tus semejantes,…no me pregunten como llegué a esa conclusión, no lo se. Lo único que se es que me pierdo por un buen cuello, es una mezcla rara, entre hambre, lujuria y desesperación, y aún más sabiendo que en el fondo y pese a que lo necesito para seguir vivo, es algo deleznable.

Al principio conseguir sangre no era demasiado difícil, siempre podías encontrar alguna víctima agazapada, sorprender a alguien que intentaba conseguir víveres en algún súper abandonado, pero hoy por hoy las cosas han empeorado. Aparte de tener que disputarte con otros vampiros y licántropos las pocas víctimas que quedan en la ciudad, están los zombis, esos no distinguen vampiros de humanos normales, te huelen, te siguen, te rodean, y su sangre es tóxica para nosotros…Así que después de un tiempo de penurias, bebiendo sangre de ratas e incluso atacando a otros vampiros, me eché al monte.

Sabía que existían grupos aislados de supervivientes que se habían marchado al campo huyendo de los zombis y de nosotros. Era mi única esperanza de sobrevivir, encontrar alguno de estos grupos y tratar de separar a uno de sus miembros de la seguridad de su escondrijo y de sus camaradas…

La segunda noche localicé un camping a pocos kilómetros de la carretera. En principio pensé que había dado con mi propia despensa particular, pero nada más lejos de la realidad. Los tipos se habían atrincherado reforzando el perímetro con trampas, alambradas y fosos.

Contaban con dos puestos elevados, una especie de torres de vigilancia improvisadas donde normalmente había apostado algún tirador bastante hábil. Estaban organizados y siempre se movían en parejas, era casi imposible separar a alguno de los demás, y lo peor de todo: estaban continuamente en alerta.

Vi caer a cientos de zombis bajos su fuego, usaban cócteles Molotov, granadas de mano, escopetas recortadas, rifles de precisión, incluso vehículos modificados para arrollar a las hordas de muertos vivientes. Se podría decir que la situación les había convertido en cazadores profesionales de zombis.

Pero con los vampiros es distinto. Nosotros no somos lentos, no somos torpes, no nos dejamos ver a kilómetros, nosotros pensamos, estamos dotados de fuerza y agilidad sobrehumanas, inspiramos miedo con nuestra mirada, no pueden matarnos de un disparo. Por eso nos temen, por eso evitan la noche, por eso cuelgan ajos en sus cuellos (aunque en realidad eso no nos afecta), cargan sus armas con balas recubiertas de plata (que también nos da igual) y se arman con estacas y mazos.

Les he observado, he vigilado sus movimientos y sus costumbres. Conozco sus nombres, sus hábitos, sus debilidades…y creo que esta noche, después de dos semanas, por fin cenaré caliente...