martes, junio 21, 2016

Reclamaciones




-          ¡Que pase el siguiente!

-          Hola Dios.

-          Hola, hijo ¿Qué querías?

-          Vengo a quejarme del mundo, así en general…

-          Ah, pues a mí no me vengas con quejas, yo no me hago responsable. Os di libre albedrío y mira en qué mierda habéis convertido el planeta. Ahora apechugad con las consecuencias de vuestros actos…

-          ¿Y un diluvio o unas plagas no nos puedes mandar? Al menos así escarmentaríamos.

-          ¿Pero qué dices? Si no paro de mandar maremotos, tifones, virus, terremotos,… Si hasta descarrilo trenes y vuelco barcos… Pero sois tan cabezones que no captais el mensaje, estáis tan obcecados contemplando vuestro propio ombligo que  volvéis a reconstruir lo destruido, volvéis a reproduciros, y cada vez sois más, más locos, más ambiciosos y más descontrolados…

-          Entonces Dios, ¿Qué podemos hacer?

-          Ya nada, la culpa fue mía por confiado…

-          Pero, ¿Y la Iglesia?, ¿esos no tienen nada que decir? Podrían ayudar a reconducir la humanidad.

-          Esos son como los políticos, se aprovechan de la esperanza de la gente para enriquecerse y les importa un carajo todo lo que pase más allá del umbral de su casa ¿Qué te pensabas?

-          Pues no sé… ¿Pero esto es el cielo no?

-          No, es un sueño de mierda…

domingo, junio 19, 2016

Buenos días


Existe una lluvia que dice cosas y me despierta. Madrugo un día más queriendo tener la fuerza e ilusión de antaño, pero me falta la chispa que entonces encendía mis calderas y movía mis motores contra viento y marea. Apago la alarma porque me molesta, pero no le doy las gracias.

Hoy me cuesta dar el salto, me caigo de la cama a plomo como un cadáver inerte relleno de piedras. Camino arrastrando las ganas de quedarme dormido y abro la mampara esperando que el agua caliente me insufle su fuego en las venas,... pero ni por esas. 

Ya no canto canciones de amor en la ducha, ni tomo el café a toda prisa queriendo pisar cuanto antes el mundo, me freno. Me frena la poca esperanza que tengo en el día que está por delante. Me apena la triste rutina que me he construido yo solo, de alarmas, relojes, horarios y fines, de tareas vanas, de cosas fútiles que se han convertido en un campo de juego sin alma, con áreas marcadas y medidas fijas, con pautas dictadas por no sé qué causas, el confort que dicen, o el temor de irse y mirar al borde de una vida nueva. 

Valor, ¿dónde estás cuando más se requiere? En el fondo de un pozo reseco, oculto de aquellos que cuando floreces te tachan de incierto. 

Y así día a día nos vamos muriendo aquellos que cuando pensamos vamos más allá de los diez mandamientos, de las cuatro esquinas y los cuatro vientos; los que nunca seremos felices por haber pensado demasiado tiempo.

miércoles, junio 08, 2016

Sapiencia (infinita)



- Maestro, necesito el consejo de tu inifinita sapiencia.

- Dime, joven aprendiz, ¿Qué te inquieta?

- Se trata de un tema personal relativo al amor y a los sentimientos. 

- Mi especialidad, cuéntame...

- Pues verás, oh, maestro: hace tiempo conocí a una joven de la cual acabé enamorándome ciegamente, más ella no me corresponde y su negativa me ha dejado cabizbajo y melancólico. Dime, tú que tienes respuesta para todo y para todos ¿Qué puedo hacer?

- Mi joven alumno, la solución más clara pasa por buscar quien te vuelva a enamorar, debes pasar esa página del libro y conocer  a otras mujeres, deleitarte de su compañía y de sus encantos, y hallar de nuevo el sentimiento puro que una vez sentiste por esa persona.

- Pero maestro, ninguna otra me complace ahora. Solo su recuerdo enciende mi pecho, y veo a las demás como meras sombras desprovistas de figura y forma. No concibo amar a ninguna otra.

- ...

- ¿Maestro…?

- ¡Mira, un pájaro!

domingo, junio 05, 2016

Peligro desidia



Con la realidad incrustada en su piel tras años de monotonía y letárgica rutina, le era imposible soñar con la fuerza de unos ojos nuevos. Dejaba pasar los días y los meses como se escurre el agua en un arroyo poco profundo: sin fuerza, sin alegría, sin ganas ni esperanza...

Cuando encontraba algo que le podía despertar de su letargo, enseguida surgían los miedos de antaño, los temores de un futuro incierto, el terror a revivir aquello que le había dejado tan profundas marcas que cualquiera creería que había nacido así. Acababa por enterrarlo y rechazarlo, anteponiendo el miedo al dolor de un destino incierto, al disfrute de un ahora placentero aunque probablemente fugaz.

Al principio pensó que sería pasajero, que recuperaría sus ganas y sus fuerzas con el tiempo, pero no sucedió. La desidia se instauró en su alma firmemente, como quien se queda a vivir en un cálido hogar sin decir nada, en silencio y sin molestar, sin mirarte apenas a los ojos, hasta que te das cuenta de que se está comiendo tu comida y vistiéndose tu ropa. Convirtiéndose en ti.

lunes, mayo 30, 2016

Entre nosotros


Siempre había pensado que una abducción extraterrestre sería un hecho traumático y lleno de extravagantes circunstancias: luces estroboscópicas, campanas de irrealidad, naves voladoras más o menos ovoides, seres antropomorfos de variados colores...

Siempre estuve equivocado, siempre hasta que fui yo mismo el abducido. La experiencia que relataré a continuación tuvo lugar una noche de mayo en Madrid, ni carreteras abandonadas ni granjas en las afueras ni playas desiertas, en pleno barrio de Malasaña, un sábado a las 12 de la noche.

Se llamaba Violeta, medía metro sesenta y tenía los ojos más vivos a los que jamás me he enfrentado. Su mirada afilada y risueña, penetrante, fue lo primero que me abdujo de ella, luego vino todo lo demás…

Una copa, un baile, una canción de Radio Futura a medias, una carrera bajo el diminuto paraguas comprado a toda prisa a un ocasional vendedor ambulante a las puertas del “Penta”. Luego un portal y unas risas, una mano despistada, una caricia furtiva, esa mirada, y un voraz apetito que nos atrapó a ambos.

Desperté desnudo en la alborotada cama de un hostal del centro. No recordaba cómo había llegado hasta allí ni qué había pasado. No quedó ni rastro de ella, solo su aroma a perfume de otra galaxia y la certeza de que me habían extraído algún órgano vital; probablemente el corazón…

martes, mayo 24, 2016

Ranas



Comenzar en un nuevo empleo siempre suena como algo emocionante y lleno de esperanzas; un paso adelante en la vida con nuevas perspectivas y visos de un futuro mejor. Todo hasta que descubres que te ha tocado trabajar en un taller de ranas. No se trata de un sitio donde fabriquen o empaqueten batracios, no. Un taller de ranas es una factoría donde los empleados son ranas, ranas verdes, ranas rojas, ranas gordas y ranas flacas, ranas de grandes bocas con lenguas que se disparan a largas distancias para atrapar un insecto o, a veces, una pelusa mecida por la brisa (que luego escupen estrepitosamente).
Las ranas no siempre son ruidosas, pero cuando una empieza con su croar, contagia al resto que se une al cántico con frenesí y desenfreno creando una orgía de ronquidos, chasquidos y chirridos que impiden concentrarte en tu tarea adecuadamente. Cuando me quejé al director me dijo que me hiciese con unos tapones para los oídos o unos auriculares, que no se podía hacer más porque las ranas son mayoría y no se puede perjudicar a la mayoría.
Algunas ranas huelen mal porque vienen de lodazales o albercas llenas de moho y limo, pero tampoco se les puede decir nada porque son ranas y es su forma de ser. Puesto que son muchas y les gusta la jarana, cada día celebran algo: un cumpleaños, un aniversario, una despedida, un santoral,…entonces traen saltamontes y cucarachas para todas, y durante media hora dejan sus tareas para deleitarse con tan preciados manjares. Aquí me tachan de asocial por no compartir estos festejos, pero es que a mí el sabor a coleóptero me puede.
Hay algunas ranas, e incluso algunos sapos, que protegen su posición dentro del taller con uñas y dientes, y pese a que no son especialmente duchos ni están especialmente preparados, son hábiles en tramar y prestidigitar, y se las apañan para que la culpa de cualquier fallo o error recaiga sobre las ranas menores, que acaban cargando con todo: trabajo, errores, culpas y reprimendas.
Seguramente pensarán que debería renunciar y buscar otro trabajo menos desagradable, y créanme que si no lo hago, es porque el otro puesto disponible era en un bufete de ratas.

viernes, mayo 20, 2016

Silencios



En la primera cita se miraron fijamente a los ojos sin hablar durante largo tiempo. En la segunda, sus miradas se fundieron en silencio. En la tercera cita descubrió que aquello no era consecuencia de un amor sin medida, es que ella era muda y él idiota.